436 rincones

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El nudismo se defiende andando

Desgraciadamente son varias las playas de tradición nudista que se han perdido para tal uso por la silenciosa invasión textil, que haciendo gala de su derecho, planta la sombrilla donde quiere y lleva la indumentaria que quiere sin tener en cuenta ninguna circunstancia. Incluso en ocasiones pueden llegar a pensar que porque nos quitamos el bañador el resto dejamos de oírles y de verles; las risitas nerviosas, los codazos y los cuchicheos (mira esos que vienen por ahí) a veces son tan molestos o más que las fotos que seguramente te saquen en algún momento para llevarse de recuerdo, como la que me sacó aquel fulano mientras volaba mi cometa, y aún hoy sigo esperando que me reenvíe según le pedí, seguro que era una foto preciosa.

A ningún nudista se le puede pedir que luche contra esa intimidación de una forma que sea contraria al silencio y buen rollo que suele flotar en el ambiente.

El hecho de crear este blog a veces me causa cierto grado de sentimiento opuesto de culpabilidad, porque si bien es cierto que el objetivo primordial es el de fomentar y defender la práctica naturista, cabe la posibilidad de estar señalando en el mapa lugares privilegiados por su belleza y singularidad, que en la inmensa mayoría de los casos no están protegidos.

El problema no es qué playas hemos perdido (Los Muertos, La cala de Enmedio por ejemplo) sino las que nos quedan por perder.

Realmente no manejamos estadísticas de “conversión” textil-nudista, por lo tanto no sé si seremos más o menos personas afines en el futuro y que de alguna manera preservemos lo que aún nos queda.

Lo que está claro es que nos movemos a merced de lo conservadora que sea la sociedad en un momento determinado, y puede que estemos en un momento malo, aunque es cierto que no siempre hay correlación político/nudista, y por otro lado, quizás las generaciones más jóvenes le den más importancia a su físico y al qué dirán que a lo “espiritual” del naturismo ( es la razón según mi punto de vista de porque vendemos nuestros datos y gustos a las redes sociales pero criticamos ver una teta o nos preocupa tanto salir feos en la foto de perfil).

Por eso me temo que las afiliaciones oficiales no crezcan (sería interesante conocer ese dato de la FEN) ni las no oficiales (de los que piensan que no es necesario afiliarse para desnudarse en una playa).

Si los “socios” no aumentan todo lo que nos gustaría sólo quedan tres salidas para defender lo nuestro:

1 . El método Cantarrijan, el cual envidio y admiro profundamente: asociar usuarios habituales de una playa en riesgo y hacerse ver desde el punto de vista institucional y cultural (bravo bravísimo). Es decir, descentralizar el asociacionismo localmente para adecuarse a un lugar concreto con sus particularidades (que a priori no parece incompatible con pertenecer a una federación más global).

2. Acantonarnos en sitios muy consagrados o incluso privados como Vera o los campings.

3. Defender desde nuestra pequeña atalaya la posición, y si, como decía el amigo jose (joseaweb2) eso pasa no solo por quedarse agazapados en pelotas, no recoger los bártulos y emigrar a otra playa más recóndita (a la que también puede ir la marea textil), sino hacerse visibles, por ejemplo paseando desnudos, y dejar bien marcado el territorio.

Nuevamente a nadie se le puede pedir ese tipo de ejercicio para lo que hace falta valor (a mi me ha pasado hace bien poco, pasear sintiéndome observado por un público textil y joven lo que resulta muy desagradable) y entiendo perfectamente que se prefiera huir.

Creo que sería deseable tener un registro de playas vulnerables, de las nudistas en riesgo de invasión precisamente para apoyar la práctica naturista llegada la ocasión, qué opináis?

Cuando todo el mundo se desnuda sin darse cuenta

How to lock files and folder with password

Imagen extraída de Internet

Quien me conoce, sabe que soy un poco friki (o bastante…. ¡vaya usted a saber!) de la privacidad y bastante reservado con mis cosas.

Esta mañana, mientras me estaba tomando el café, he visto que una empresa de tratamiento de datos (no importa el nombre) se ha dado a la quiebra arrastrada por el escándalo de una famosa red social (que todo el mundo conoce).

Lo que me sorprende (o quizás ya no), es que todo el mundo (o casi) sea capaz de compartir sus datos con empresas que en la mayoría de las veces no ha oído hablar, en las que son capaces de desnudarte por completo tu intimidad, en las que saben con quién, cuándo y cómo te relacionas de modo personal y de modo virtual, estatus social, ubicaciones y un sinfín de datos más. Cada vez que instalamos una app en el teléfono móvil, estamos dando (previo permiso que no solemos leer), acceso a micrófono, cámaras, fotos, contactos y demás. Para comprobarlo, solo hay que mirar en los permisos concedidos a las aplicaciones instaladas y podremos llegar a sorprendernos.

Este modo de desnudarnos, es a mi forma de ver muchísimo más íntimo que cualquiera de nosotros realizamos cuando practicamos el nudismo.

Lo que realmente me sorprende, y por eso esta reflexión, es que la inmensa mayoría de las personas que poseen (por ejemplo) un móvil, sean capaces de ofrecer esa intimidad para que alguien gane dinero al trabajar con sus datos y sin embargo muchas de esas personas se puedan sorprender al ver un pecho en la playa o se escandalicen por ver a un niño lactando de su madre.

No concibo esa doble moral, aunque sé que existe. Me gusta practicar el nudismo porque siento un mayor contacto con la naturaleza, que incluso andar descalzo sobre el césped mojado, siento el fluir de la energía de la tierra. Y no digo que sea real ese flujo de energía, ojo, sólo digo que es lo que yo noto (no entro si es real o placebo) y eso es algo que me hace sentir mejor, más unido y entablando una armonía cada vez mayor con ella. Y si, además, comparto esas sensaciones con alguien a quien quiero, siento que todo ello se multiplica, creando un vínculo especial con esa persona.

Volviendo al tema anterior, si alguno me pregunta si permito el acceso a las aplicaciones a todas esos datos, le responderé que sí, pero procurando darles el menor acceso posible, ya que es el precio que hoy en día uno tiene que pagar para poder estar en contacto con los demás. Alguien dijo que cuando te dan algo gratis, entonces el producto eres tú (y razón no le falta).

Y si, también me despeloto cuando puedo, aprovecho los rayos del sol y ando descalzo por casa y por el césped.

Y no, no me escandalizo al ver un pecho, un culo o un genital sin importar el sexo, ya que creo que desnudos hemos llegado a este mundo, desnudos estamos ante el mundo y desnudos marcharemos, que nuestra alma es lo único que nos acompañará al más allá (en el caso de que ese más allá exista).

Que la ropa y sus complementos lo único que crea son distinciones y marcas, aunque entiendo que tenga que existir para protegernos de los posibles peligros en los trabajos, condiciones atmosféricas y demás.

Me apetecía compartir estos pensamientos, que en mi opinión, está más que relacionado con esta forma de ver sentir la vida.

Ese culo me suena

Ha sido una de mis lecturas del último puente, una portada así y un título tan llamativo (Ese culo me suena) no podía escapar de mi atención y es que además, es uno de los pocos relatos de ficción publicados en español y que tratan el tema nudista español con naturalidad, sin esconder historias de romances o con algún contenido erótico (Stories for Nudist about Social Nudity) entre sus líneas, con un toque de sátira humorística, por lo que primeramente me tomo la libertad de agradecer el trabajo publicado y el buen rato de lectura a su autora Piedad Santiago.

Se trata de la historia de unas vacaciones de verano de una familia textil de Jaén que se ven obligados por culpa de la crisis y el recorte de salarios, a pasar el mes de agosto en una urbanización naturista (mixta realmente) de Almería (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia).

El libro se encuentra distribuido en capítulos desde que empiezan las vacaciones de Pepe e Isa con sus tres hijos hasta que regresan a casa.

Como decía es una sátira con personajes un tanto exaltados de un lado y otro (textil/nudista) lleno de situaciones y anécdotas divertidas y a su vez cotidianas del veraneo andaluz, que en realidad van conduciendo a la su protagonista por situaciones nada cómodas para ella y sus familiares.

No es mi estilo reventar finales, prefiero animar a la fácil lectura del libro, porque además es divertido, pero he de confesar que mi alma nudista deseaba otro final según resbalaban mis ojos por sus líneas …que le vamos a hacer, esperaré la segunda parte, El despertar del culo nudista ( ahí lo dejo). 😜

Comprar el libro

La mutación MNC

Qué mal sienta abrir la puerta de la jaula, bajarse de la rueda, hacer las maletas y huir controladamente unos días a tu paraíso particular, sin horarios y sobre todo sin ataduras físicas ni nudos de corbata, y sin ataduras psíquicas que te arrastran al abismo de pensar que estás perdiendo el tiempo con la de cosas que tienes que hacer y te hacen rodar con más fuerza si cabe.

Sienta mal porque te haces consciente de que la realidad que vives el 80% del día o no es la que más te gustaría (no digo que no me guste nada) o simplemente te has aburrido de ella. El otro 20%, el tiempo de estar con las tuyas, es el que da sentido y compensa la corbata y la rueda, porque sin ellas nada vale nada.

En ese punto me encuentro, en un momento de reflexión de cuándo darle la vuelta al asunto y cómo. No es la primera vez que me pasa y no será la última, aunque realmente creo que no llevo los genes del emprendimiento en mis células, alguno va mutando verano tras verano y me conduce a la firme idea de que no sé cómo demonios, pero me encantaría que el naturismo fuera mi forma de ganarme la vida.

Puede que al principio tuviera que hacer un mix porque los inviernos son duros y a nadie le apetece pasar frío, pero dada la patente poca oferta de centros naturistas en España (de los de verdad, nada de ocultaciones swinger – con todos mis respetos a ese otro mundo – bajo el letrero nudista), vuela constantemente en mi cabeza la de crear un espacio donde todo el mundo pueda disfrutar de algo tan maravilloso, porque sigo pensando que somos más los nudistas con motivaciones no sexuales.

Seguro que ánimos no me faltarían e incluso soci@s de empresa, todo se reduce a euros, planos, permisos, papeles, terrenos… y a la duda de si realmente sería un proyecto viable con una clientela objetivo suficiente para sobrevivir.

Tengo el palpito de que cuando una oferta así no funciona del todo, se tiende a abrir la mano a una sexualización progresiva ya que esa pulsión hace que la gente afloje el dinero y el establecimiento se llene, a lo cual me negaría, sería una decepción.

He de confesar que uno de mis miedos es comprobar qué pasa con tus aficiones cuando se transforman en trabajo, aunque creo que en ese sentido si me arriesgaría a tal evento.

Y entre ensoñaciones, reflexiones y paj….mentales, voy a ir decidiendo qué corbata me pongo mañana, ojalá algún día sea color carne y mi trabajo sea regentar un espacio de calma, tolerancia, naturaleza y energía positiva.

Las Canarias y yo

Tras unas jornadas de trabajo intensas, mañanas y casi todas las tardes, decidí hacer un Nudist break. No podía volver a casa después de casi 3 días sin haber podido pisar una playa tan emblemática como las Dunas de Maspalomas en el paraíso canario, me sentía como un pájaro en una jaula, todo el día rodeado de gente encorbatada y sonriendo para dar la mejor de sus imágenes.

Fue hace unos años y recuerdo que me encontraba alojado en un Hotel de Costa Meloneras, que es una especie de urbanización/pueblo turístico muy cercano a Maspalomas. Lo más famoso del lugar quizás sea su faro y algún hotelazo con infiniti pool que “quita er sentio”, sin embargo la playa de esa zona no era nada atractiva teniendo una joya natural como las dunas a unos metros de distancia.

Tenía perfectamente claro que tarde o temprano tendría que dar esquinazo a mis compañeras de trabajo, porque como en otras muchas ocasiones este tipo de escapadas son bajo el régimen de libertad vigilada, y sería la única forma de disfrutar del lugar como mejor se hacerlo, al natural y sin temor a ser pillado.

Se me ocurrió darme a la fuga y alejarme de una compañía donde no sería bien recibida mi pasión nudista, declinando la invitación a comer fuera de la ciudad que la organización tenía prevista para ese día en Puerto Mogan (la Venecia canaria, muy recomendable de visitar donde se come un pescado buenísimo como pude comprobar años después).

Era un gran plan digno de los más prestigiosos escapistas, 50 personas conocidas metidas en un bus comiendo en un restaurante muy alejado de la playa, entre ellas mis compañeras de empresa, así que me hice un poco el muerto para poder quedarme sólo minimizando el riesgo de que alguien me viera desnudo a la más mínima expresión.

Sin embargo mi estrategia se vio truncada porque no permitieron en absoluto que me quedara como un náufrago en una isla desierta, nunca pensé que me tuvieran ese afecto tan incondicional…qué asquito…así que decidieron unirse a mi tarde de relax.

Fue uno de esos momentos en los que tienes que decidir qué hacer: ser coherente y asertivo? Hacerte más el muerto si cabe? Disimular e inventarte algo para zafarte?… los que me conocen saben que debería nacer de nuevo para ser diferente, fui asertivo (vainilla): “mirad, es que no puedo venir aquí y no pisar la arena, va en contra de mi religión, me voy a la playa; me encuentro bien de salud pero no sabía qué excusa poner para librarme de la excursión”…así que ya éramos tres los prófugos.

Cuando voy a un lugar desconocido procuro informarme de dónde se puede hacer nudismo con antelación y si las condiciones climatológicas serán adecuadas, esta vez no iba a ser menos.

Hice una pequeña mochila con crema, agua, toalla y algo de fruta y comenzamos a caminar en dirección Maspalomas.

Al principio cruzas una zona comercial, una especie de paseo marítimo muy para guiris ( hay que hacérselo ver este tipo de sitios en Canarias en general, todo muy pastiche) y después pasamos a pie de playa. Estuvimos andando bastantes metros hasta que de pronto se despejó la zona textil de una forma gradual, y empezaron los primeros desnudos.

Ellas hubieran querido parar mucho antes pero yo insistí en ir un poco más adelante hasta asegurarme el territorio.

Cómo es de imaginar, estaba sembrado de dudas en esos momentos. No sabía qué hacer porque me exponía a algo desconocido para mí, me preocupaban las consecuencias futuras que podría tener mi atrevimiento y me jodían las inmediatas de mi no atrevimiento.

Nos aposentamos en una segunda línea, estiramos cada uno nuestra toalla, y nos quedamos en bañador. Para variar empezamos a hablar de trabajo (cómo he cambiado en eso también, hoy en día habría cortado la conversación). El calor comenzaba a apretar y apetecía baño. De pronto una de ellas hizo un comentario del tipo no sabía que esta playa era nudista.

Fue como el pistoletazo de salida en una carrera, sin apenas filtro contesté “si, lo es, y yo también, así que si no os incomoda mucho me voy a quitar el bañador de mierda y me voy a ir al agua porque no lo soporto más”…se quedaron pálidas aunque la respuesta fue en resorte también : “claro, sin problema”, así que procedí a despojarme de mi ropa.

Es curioso como cambia la forma de relacionarnos o de conversar con esa indumentaria, creo que en el fondo estaban incómodas y se las veía “preocupadas” por no lanzar su vista hacia las zonas que estaban ocultas tan solo minutos antes.

En un momento determinado me levante y me fui al agua, a refrescarme. Desde el agua si pude comprobar que me estaban observando aunque realmente no le di mayor importancia porque me preció una reacción normal y respetuosa.

A estas alturas faltaría desvelar qué pasó con ellas? Se animaron?…ciertamente conmigo delante no, aunque estoy convencido que si les picó el mosquito de la curiosidad.

Y así, de esta forma, pasamos la tarde hasta que tocó regresar.

La mañana del lunes siguiente a todo esto, la relación siguió siendo de lo más normal, aunque me atrevería a decir que estrechamos lazos.

Han pasado años de esto, no somos lo mismo, y ni siquiera trabajamos juntos ya, pero para mi supuso un refuerzo en mis convicciones y una demostración de que la tolerancia y el respeto es la mejor fórmula de convivencia. De otra forma me sirvió como precedente para situaciones similares que sucedieron en el futuro, pero eso es otra historia.

Apología del naturismo

Creo que según me voy haciendo mayor mi visión acerca de cómo enfrentar mi “secreto” para con el resto va cambiando. Quizás la maduración de mi yo naturista va acorde con mi asertividad y mi convicción de que lejos de hacer algo perjudicial, practico una afición que cada vez veo más positiva, y que me conecta con el mundo, con mi cuerpo y con la comunidad de las personas que piensan y actúan como yo.

Quizás las primeras veces que lo hice lo oculté, no por avergonzarme de ello, sino porque el entorno en el que me movía, los amigos que tenía desde la infancia llenos de rigideces que aún hoy conservan (aunque yo ya no les conservo a ellos), mi propia familia (a los que si conservo, pero jamás he visto nunca desnudos) … hicieron replantearme que era mejor estar callado.

Ese último punto, el de la absurda intimidad que mis padres impusieron en sus dominios, que probablemente fue la forma de expresión de la herencia educativa recibida, cuando a los padres se les llamaba de usted, creo que me marcó. El considerar que no era bueno mostrar el cuerpo desnudo, junto con los problemas físicos de mi infancia, fueron el caldo de cultivo perfecto para una especie de primavera naturista que me cambió desde dentro hacia afuera.

Aún recuerdo los comentarios vertidos por parte de ellos el día que mi entonces novia y yo decidimos pasar la tarde en la playa de los guarros (según su definición) y no con ellos y otras 3000 personas en un metro cuadrado de arena, observando y criticando las carnes fofas de los transeúntes (porque los topless eran ovacionados pero en silencio por eso de guardar las formas… ¿cómo he podido salirles tan rana en este sentido habiéndome criado en ese entorno?). La próxima vez que alguien me diga cosas como: mismos padres, misma educación y mismo entorno y cómo pueden ser tan diferentes?, intentaré recordar mi propio caso.

Hoy en día, mi mejor posición es la del equilibrio como en otras muchas cosas de la vida. No llevo una camiseta diciendo Soy Naturista, sería una locura, que por desgracia me cerraría alguna puerta aunque me abriera otras.

He de decir que en el cuerpo a cuerpo, cuando converso con personas que son conocidos y amigos, y sale el tema a relucir no me escondo, y lo trato con toda la naturalidad del mundo, quitándole la capa de hierro que generalmente le ponen encima. Es más, algún amigo pregunta y pregunta porque en el fondo le ronda la idea de romper el corsé aunque no lo confiese.

¿Quién no ha sentido una especie de satisfacción cuando abre este mundo a alguien y consigues que lo pruebe?, es como invitar a un helado a una persona que nunca probó uno; es como ayudar a descubrir una especie de paraíso a mano de todos.

Quizás si algún día ser nudista fuera tan significativo e insignificante como ser del Betis o del Sevilla, no me importaría hacer más y mejor publicidad, pero aunque hemos avanzado (es patente, poco a poco, pero la sociedad ha abierto un poco la mente…aunque nos falta muchísimo), me tendré que seguir escondiendo bajo un pseudónimo y seguiré haciendo Apología naturista desde este vuestro Blog.

El Fonoll: poble naturista

Personalmente no conozco el paraje, pero hubo un tiempo en el que la televisión pública en España daba difusión a nuestra causa, sin levantar polémicas absurdas y sin criminalizar algo tan respetable como el nudismo.

Aquí dejo un viejo archivo que encontré en el fondo de un cajón. Si alguno de nuestros amigos conoce el sitio y quiere aportar información acerca de el estaremos encantados de escucharle.

Poblado Naturista El Fonoll

 

 

 

La Pedriza naturista

Podría comenzar esta entrada con el final: “a falta de que alguien indique lo contrario, tengo la sensación de que hemos perdido La Pedriza como lugar naturista de interior”.

Hará casi 10 años que descubrimos La Pedriza como lugar naturista cerca de casa. Fue en el 2008, en medio de un bajón terrible anímico por el fin de la época de vacaciones y el tsunami laboral en el que me vi envuelto (con los años he aprendido muchas cosas, entre otras a tomarme la vida con más calma…total nadie sobrevive a ella).

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Me empeñé en volver a cargar las pilas conectando mis sentidos con la naturaleza sin ropa, y mi inigualable chica, a la cual sigo adorando y le debo lo que soy,  puso todo de su parte para que así fuera.

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Recuerdo el día como si fuera ayer, llegamos a Manzanares El Real, atravesamos la barrera en nuestro propio coche y llegamos al aparcamiento. Desde allí mochila al hombro remontamos el río por la ladera hasta llegar a la Charca Verde. En este punto era donde más gente concentrada había; a partir de aquí seguimos remontando hacia arriba, y ya si comenzamos a ver gente desnuda disfrutando de las múltiples pozas.

Iba informado y sabía que un poco más adelante existían unas pozas de uso nudista “oficioso” así que nos dirigimos allí. Agua fría, pero un entorno más que bonito y cercano…una pasada en pocas palabras. Una de las cosas de la que mejor recuerdo tengo es el olor del sitio, a vegetación, pinos, agua….

Había poca gente, quizás una pareja más y algún hombre solo, cada uno a su aire. Nada de familias con niños otra vez, claro que por aquel entonces éramos dos.

Puede que lo más molesto fueran 3 chicos que vinieron a preguntarnos por rutas (totalmente vestidos y con miradilla sucia …fue breve).

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Recuerdo que algunas de las piedras resbalaban y las usamos de tobogán, muy divertido. Por un día salí de debajo del nublado en el que estaba inmerso.

El camino de vuelta al coche fue agradable, nos encontramos con la otra pareja con la que habíamos compartido las pozas, nos saludamos de forma cordial y regresamos a casa con la intención firme de volver alguna otra vez.

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Hoy en día, el baño está prohibido, gracias a la masificación y a la poca conciencia de muchos de los que casi han destruido el entorno. La entrada es restringida a un número de coches aunque se puede seguir haciendo mediante lanzadera desde el pueblo.

No se si alguien ha vuelto hace poco allí a hacer nudismo y puede actualizar la información acerca de qué tal está la zona; nosotros desgraciadamente no volvimos por varios motivos, quizás no sea adecuada la paliza andando para las pequeñas, y cuando han querido crecer el uso de La Pedriza ha quedado muy restringido (diles que no se pueden meter en el agua….si tienes valor).

El respeto a la naturaleza sigue siendo una asignatura pendiente en Madrid y en general en esos entornos naturales plagados de “domingueros” (cuya denominación creo que excede el mero hecho de tomarse el domingo libre para ir al campo, creo que engloba una forma de comportamiento). Ojalá algún día aprendamos la lección o incluso podamos enmendar el daño causado, y podamos disfrutar de nuevo de ese entorno.

Volver a Almanat

Hoy en mi pequeña ciudad de interior hace frío, viento, lluvia, y una luz gris y tristona que hace difícil recordar que, ocho días atrás, estábamos tomando el sol de primavera, benéfico y amable, y despertando a nuestros cuerpos desnudos del letargo invernal, como los árboles. No sé que dirá la ciencia, pero personalmente estoy seguro que las personas también nos alimentamos con fotosíntesis.

La meteorología era incierta para la Semana Santa, y pospusimos la elección del destino hasta el último momento (ventaja grande de llevar la casita con ruedas: puedes decidir adónde ir incluso en la rotonda de salida). Y fuimos a Almanat.

Tan sólo habíamos estado allí acampados en una ocasión antes; en la playa de Almayate, a pasar el día, un par de veces más. Hace ya nueve años (¡9!), también en Semana Santa, padres primerizos con un bebé de justo un año que no nos permitía más momentos de relajación que sus cortas siestas. Y la experiencia, sin ser mala, no llegó a gustarnos por diversos factores.

Ahora, con un tiempo más que aceptable para la época del año, con dos hijos mucho más autosuficientes, y habiendo estado en más campings naturistas, podemos seguramente opinar sobre Almanat con mejores elementos de juicio.

Como todo, tiene su cara y su cruz.

Factores muy positivos son:

  • La situación justo al borde de una bastante amplia playa naturista, con acceso directo desde el camping. Sin ser una playa para “echar cohetes”, la encontramos más agradable de como la recordábamos: bastante arena (oscura) mezclada con grava, agua razonablemente transparente, tranquilidad y limpieza.

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  • Por supuesto, el clima: temperaturas relativamente suaves a lo largo de todo el año y muchos días de sol.
  • Personal abundante, diligente y cordial.
  • Limpieza escrupulosa de las parcelas, servicios y zonas comunes.
  • La piscina cubierta y climatizada para cuando hace fresco. La piscina al aire libre es grande.
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  • Hay zonas bastante amplias y con césped con pistas deportivas, juegos infantiles, barbacoas…
  • Ambiente muy tranquilo y respetuoso, al menos en esta época. Muy llamativo que el camping (repleto) estuviese habitado en un 90% por jubilados, algunos muy mayores, llegados para invernar desde el norte de europa. Suponemos que en verano esto cambiará sustancialmente. ¡Ah! Y un camping sin ninguna tienda de campaña: autocaravanas, campers y caravanas).
  • Los bungalows, aunque no nos alojamos en ninguno, tenían una pinta estupenda, muchos incluso con una moderna terraza sobre la cubierta para desayunar, tomar el sol… photo_2018-04-09_13-35-29.jpg
  • Bastante sombra para el verano.
  • Había un solarium de césped bien cuidado justo a la salida hacia la playa, estupendo por si en esta sopla el viento.
  • No obligan a los niños y adolescentes (hasta los 16 años) a estar desnudos, pero la mayoría lo está.
  • Precios muy contenidos, en comparación con otros campings naturistas, al menos fuera del verano.
  • Da la impresión de estar muy bien gestionado, sacando el máximo partido a las instalaciones, dentro de sus limitaciones inevitables, con mucha profesionalidad.

Cosas que nos gustaron menos:

  • Las parcelas. Nos parece lo más importante sentirte bien en el lugar donde pasas tiempo. Sin ser pequeñas, nos daban impresión de estar algo encerrados por los altos setos que las delimitan. El suelo es de gravilla fina, nada de césped o tierra vegetal.modelos-almanat-107-1400x933
  • La disposición: son largas calles rectas con parcelas en batería, que daban sensación de colmena, no agradables para pasear. photo_2018-04-09_13-35-29 (2)
  • El horario de la piscina cubierta es muy limitado, así como su aforo. La piscina al aire libre no tiene césped, aunque sí tumbonas y enlosado amplio.
  • El supermercado es muy limitado, no tiene nada de alimentos frescos, aunque sus precios no son muy altos. Suponemos que en verano habrá más cosas.
  • Algún que otro “merodeador de las dunas” y parejitas fogosas, aunque en discreta lejanía.

En conclusión, estamos contentos con nuestro regreso a Almanat. Acertamos con el destino (posiblemente de lo más afortunado meteorológicamente en esos días) y pudimos inaugurar la temporada naturista tal como deseábamos. Sigue sin ser nuestro camping favorito, pero posiblemente volvamos.