La Pedriza naturista

Podría comenzar esta entrada con el final: “a falta de que alguien indique lo contrario, tengo la sensación de que hemos perdido La Pedriza como lugar naturista de interior”.

Hará casi 10 años que descubrimos La Pedriza como lugar naturista cerca de casa. Fue en el 2008, en medio de un bajón terrible anímico por el fin de la época de vacaciones y el tsunami laboral en el que me vi envuelto (con los años he aprendido muchas cosas, entre otras a tomarme la vida con más calma…total nadie sobrevive a ella).

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Me empeñé en volver a cargar las pilas conectando mis sentidos con la naturaleza sin ropa, y mi inigualable chica, a la cual sigo adorando y le debo lo que soy,  puso todo de su parte para que así fuera.

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Recuerdo el día como si fuera ayer, llegamos a Manzanares El Real, atravesamos la barrera en nuestro propio coche y llegamos al aparcamiento. Desde allí mochila al hombro remontamos el río por la ladera hasta llegar a la Charca Verde. En este punto era donde más gente concentrada había; a partir de aquí seguimos remontando hacia arriba, y ya si comenzamos a ver gente desnuda disfrutando de las múltiples pozas.

Iba informado y sabía que un poco más adelante existían unas pozas de uso nudista “oficioso” así que nos dirigimos allí. Agua fría, pero un entorno más que bonito y cercano…una pasada en pocas palabras. Una de las cosas de la que mejor recuerdo tengo es el olor del sitio, a vegetación, pinos, agua….

Había poca gente, quizás una pareja más y algún hombre solo, cada uno a su aire. Nada de familias con niños otra vez, claro que por aquel entonces éramos dos.

Puede que lo más molesto fueran 3 chicos que vinieron a preguntarnos por rutas (totalmente vestidos y con miradilla sucia …fue breve).

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Recuerdo que algunas de las piedras resbalaban y las usamos de tobogán, muy divertido. Por un día salí de debajo del nublado en el que estaba inmerso.

El camino de vuelta al coche fue agradable, nos encontramos con la otra pareja con la que habíamos compartido las pozas, nos saludamos de forma cordial y regresamos a casa con la intención firme de volver alguna otra vez.

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Hoy en día, el baño está prohibido, gracias a la masificación y a la poca conciencia de muchos de los que casi han destruido el entorno. La entrada es restringida a un número de coches aunque se puede seguir haciendo mediante lanzadera desde el pueblo.

No se si alguien ha vuelto hace poco allí a hacer nudismo y puede actualizar la información acerca de qué tal está la zona; nosotros desgraciadamente no volvimos por varios motivos, quizás no sea adecuada la paliza andando para las pequeñas, y cuando han querido crecer el uso de La Pedriza ha quedado muy restringido (diles que no se pueden meter en el agua….si tienes valor).

El respeto a la naturaleza sigue siendo una asignatura pendiente en Madrid y en general en esos entornos naturales plagados de “domingueros” (cuya denominación creo que excede el mero hecho de tomarse el domingo libre para ir al campo, creo que engloba una forma de comportamiento). Ojalá algún día aprendamos la lección o incluso podamos enmendar el daño causado, y podamos disfrutar de nuevo de ese entorno.

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5 comentarios en “La Pedriza naturista

  1. Por lo que yo sé, entre semana, aun va algún nudista a tomar el sol, pero los fines de semana brillan por su ausencia.
    Lo que está claro es que no creo que nunca vuelvan a permitir el baño, pues como bien dices, los incívicos siguen acudiendo a pasar los fines de semana, dejando allí sus regalitos, en lugar de llevárselos a sus casas.

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  2. Yo fui el verano pasado dos o tres veces y nada más encontré un hombre uno de los días. El baño es verdad que está prohibido, pero ya no va mucha gente en general, pero un pelín más arriba de la zona nudista hay bastante vegetación y por darte un chapuzón no te va a ver nadie ni pasa nada. Yo seguiré yendo de vez en cuando porque creo que es el único lugar al que se puede llegar en transporte público (aunque sea un poco paliza me compensa)

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  3. Como acérrimo “pedrizero”, yo soy de los que ha vivido el progresivo deterioro del paisaje humano de este paraje, más grave, si cabe, que el deterioro del paisaje natural. En poco más de diez años se ha pasado de un ambiente montañero, tranquilo, alternativo y naturista a un ambiente ruidoso, cutre y nada respetuoso con el medio ambiente.

    Tal vez sea más un deseo que una percepción real, pero creo que ahora tenemos una oportunidad de recuperar parte de aquél ambiente original. Desde que entraron en vigor las últimas restricciones (prohibición de baño incluido), el ambiente (incluso en verano) es muchísimo más tranquilo y el número de personas que disfrutan de la naturaleza sin bañador se ha incrementado, incluso sin necesidad de remontar aguas arriba la Charca Verde como ocurría en los últimos tiempos si no querías ser considerado un mono de feria.

    No es mi intención incitar a nadie a hacer algo que está prohibido, pero sí voy a compartir mi visión sobre el tema. Las autoridades se esforzaron en anunciar con bombo y platillo las sanciones que se pusieron hace un par de años con un claro propósito disuasorio, sanciones que, por cierto, no sabemos si llegaron a ejecutarse. Desde entonces yo no he percibido ningún tipo de vigilancia y sospecho que, una vez conseguido el objetivo de desmasificar el paraje, los agentes tienen ocupaciones más importantes que vigilar quién se sumerge unos segundos en las gélidas aguas. Porque, esa es otra, la temperatura y la morfología de las charcas tampoco permiten largos baños que incrementen el riesgo de ser “cazado”. En otros lugares de la Comunidad de Madrid (por ejemplo, el embalse del Atazar) también está prohibido el baño y proliferan los bañistas que siguen descaradamente en el agua ante el paso de las lanchas del Canal o de la Guardia Civil, quienes hacen la vista gorda.

    La conclusión es que yo sigo yendo a la Pedriza (tengo que caminar más, eso sí), sigo disfrutando de breves y revitalizantes chapuzones y sigo haciéndolo de la forma que me parece más sensata para disfrutar de un entorno natural como éste: sin ningún tipo de ropa. Y lo hago en cualquier lugar, sólo con un mínimo sentido común para evitar situaciones en las que (con razón o sin ella) sospecho que alguien se puede molestar.

    Las restricciones de acceso no sólo han filtrado el número de visitantes, sino también el perfil de los mismos. Alguien que, para remontar la Charca Verde (por poner un ejemplo) tiene que caminar durante más de media hora, es probable que no responda al tradicional perfil dominguero y sí al de alguien que le gusta disfrutar de la naturaleza sin importarle la cantidad de ropa que llevan los que también disfrutan de lo mismo a su alrededor.

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